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martes, 8 de mayo de 2012

LECTOAUTORES.



Isidro Moreno, en su obra Escritura hipermedia y lectoautores, nos dice que cada lector configura su propio mundo a partir del propuesto por el autor. El lector es un lectoautor sin posibilidades de escritura.
Cuando el lector tiene posibilidades de escritura, como un director y un guionista que deciden hacer una versión cinematográfica de una novela, el resultado raramente satisfará a los lectores de la novela, incluso cuando la película la supere. Cada lectoautor se ha construido su propia historia y es casi imposible que coincida con la del guionista.

Estas palabras me llevan a reflexionar sobre una de mis novelas favoritas de G.R.R. Martin, Canción de hielo y fuego, recientemente llevada a la pantalla del televisor. He de decir que la serie es magnífica, y según mi punto de vista no tiene nada que envidiarle a la novela: personajes, paisajes, luchas, decorados, etc., son formidables. Pero es cierto que casi al final de la novela, el autor nos presenta la siguiente escena:

Estaba desnuda, cubierta de hollín, sus ropas se habían reducido a cenizas, no le quedaba ni una hebra de su hermosa cabellera...pero estaba ilesa.
El dragón de color crema y oro mamaba de su pecho izquierdo, y el verde y bronce del derecho. Los sostenía a ambos en los brazos, como si los acunara. El negro y escarlata estaba enroscado en torno a sus hombros, con el cuello largo y sinuoso bajo su barbilla...

Cuando Daenerys Targaryen se puso en pie, el negro siseó, y de las fosas nasales y la boca le surgió un humo claro. Los otros dos se apartaron de sus pechos y sumaron sus voces a la llamada, desplegando las alas traslúcidas al aire. Y, por primera vez en cientos de años, la noche cobró vida con la música de los dragones.

Como lectora me había imaginado esta escena, como miles de personas se la habrán imaginado también; cada uno de nosotros siempre diferente, distinta. Y al visualizarla en la pantalla, la imagen que se me ha quedado para siempre grabada en mi mente es esta: y así mi propio mundo pensado a partir de las descripciones y relatos que me había ofrecido el autor se vieron modificadas.



miércoles, 2 de mayo de 2012

JULIO CORTAZAR






JULIO CORTAZAR. DOS NOVELAS HIPERTEXTUALES.


"Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no
 aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era 
 una mesa, o que la palabra "madre" era la palabra "madre" y ahí se acaba todo. 
 Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mi un itinerario
 misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba."








Julio en París (1978).



"En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas"

Estas palabras de Julio Cortazar nos muestran su relación con las palabras, una relación rebelde, que nos acerca a la niñez cuando nos asombrábamos por todo, cuando empezábamos a darle nombre a las cosas, cuando la curiosidad no tenía límite.
Con su obra "Rayuela", publicada en 1966, Julio Cortazar escribió una novela combinatoria que a menudo se considera el ejemplo más representativo de experimentación hipertextual en formato libro. 


Con "62 Modelo para armar", Cortazar escribe a partir de una idea esbozada en el capítulo 62 de su novela Rayuela (de ahí el nombre de la obra), la obra más experimental y lúdica de este autor:

"En un tiempo Morelli había pensado un libro que se quedó en notas sueltas. Lo que mejor resumía es ésta: "Psicología, palabra con aire de vieja. Un químico trabaja en una teoría química del pensamiento".

Si Rayuela se compone de capítulos que pueden ser leídos en un orden propuesto al lector, aquí la propuesta llega a un extremo en el cual los capítulos desaparecen, dando paso a segmentos narrativos separados por espacios en blanco, y que el lector puede ordenar a su gusto. Liberada de la causalidad psicológica y de las limitaciones de tiempo y espacio, la narración transcurre indistintamente en París, Londres o Buenos Aires, y los personajes alternan las lenguas indistintamente, del inglés al francés, del francés al español, etc.
El mismo autor nos da pistas sobre la forma de lectura de esta novela:



"el armado a que se alude es de otra naturaleza, sensible ya en el nivel de la escritura donde recurrencias y desplazamientos buscan liberar de toda fijeza causal, pero sobre todo en el nivel del sentido donde la apertura a una combinatoria es más insistente e imperiosa. La opción del lector, su montaje personal de los elementos del relato, serán en cada caso el libro que ha elegido leer".






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